Cómo enseñar empatía a los niños

Boris Cyrulnik

Boris Cyrulnik es psiquiatra, neurólogo, profesor de la Universidad de Tolón (Francia) y autor de libros como ‘Los patitos feos’, ‘Resiliencia y adaptación’ o ‘El amor que nos cura’. Considerado un referente internacional de la llamada “resiliencia”, —capacidad del ser humano para reponerse al dolor—, Cyrulnik sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y el nazismo con seis años de edad, cuando perdió a gran parte de su familia en Auschwitz. A pesar de vivir experiencias traumáticas, el profesor Cyrulnik es un ejemplo de superación y ha dedicado gran parte de su vida a estudiar los mecanismos del ser humano para combatir el sufrimiento. Colaborador de la Asociación para el Estudio Sistémico de la Familia y otros Sistemas Humanos (AESFASHU), el neuropsiquiatra acaba de recibir el encargo del gobierno francés para fomentar la empatía desde las guarderías. “La clave para crear sociedades altruistas, empáticas y resilientes es la “segurización”, es decir, la creación de un entorno seguro y afectuoso para el niño, tanto en su hogar como en la escuela, desde los primeros años de vida”, afirma Cyrulnik. Para ello propone ralentizar los ritmos de vida y enseñar a los niños a confiar en sí mismos y en los demás.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:01
Boris Cyrulnik. Me llamo Boris Cyrulnik. Soy neurólogo y psiquiatra. Soy docente en la Universidad de Tolón; especialista en la “teoría del apego”: cómo aprende un niño a amar, es decir, cómo aprende a socializarse. Es la teoría más aceptada actualmente en las facultades de Psicología y Psiquiatría. He escrito 18 libros para el público general y 18 libros profesionales. Mi último libro se titula ‘Psicoterapia de Dios’ y reflexiona sobre la necesidad de creer, los beneficios de la creencia y también sus maleficios.
00:55
Violeta Esteban. Hola, señor Cyrulnik.
Boris Cyrulnik. Hola.
Violeta Esteban. Me llamo Violeta.
Boris Cyrulnik. Hola, Violeta.
01:02
Violeta Esteban. Soy psicóloga. Y estoy muy contenta de que esté hoy con nosotros para compartir un poco de lo que sabe. Para empezar, nos gustaría hablar del término «resiliencia», por el cual es usted una persona de referencia a nivel mundial. Da la impresión de que, últimamente, el término «resiliencia» está de moda. Mucha gente habla de él. ¿Podría explicarnos un poco en qué consiste la resiliencia?
01:45
Boris Cyrulnik. La definición de la resiliencia no puede ser más sencilla: es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma. No puede haber una definición más simple. Lo complicado es descubrir qué condiciones la permiten, es decir, la «segurización», la recuperación, las relaciones y la cultura. Hay que unir todo esto para responder a esa pregunta.
02:14
Violeta Esteban. ¿Cuáles son las características de una persona resiliente?
02:20
Boris Cyrulnik. Depende de la manera en que se construye la personalidad. Si alguien, desde el nacimiento e incluso antes, ha recibido improntas biológicas que lo fortalezcan, se desarrollará, y, si le ocurre una desgracia, sabrá enfrentarse mejor a ella. Ahí hablaríamos de resistencia. Si alguien está traumatizado, y, después de la desgracia, es capaz de iniciar un nuevo desarrollo, entonces hablamos de resiliencia. Es decir, depende un poco de la persona y mucho de su entorno: de su entorno antes del trauma y de su entorno después del trauma.
03:02
Violeta Esteban. ¿Cómo podemos ayudar a un niño para que sea más resiliente? Tanto en casa como en el colegio.
03:12
Boris Cyrulnik. Para que el niño pueda adquirir los factores que le permitirán ser resiliente, de entrada, hay que transmitirle seguridad. Primero, hay que darle seguridad a su madre. Estadísticamente, son las mujeres quienes se encargan de los niños, por eso tiene que sentirse segura, y ella, involuntariamente, transmite esa seguridad, que es lo que da seguridad al niño. También hace falta un entorno seguro estructurado por la madre y por alguien más, que puede ser el padre, la abuela, la guardería, el hogar familiar… Si el entorno seguro protege al bebé, al niño, cuando llega al colegio, ya ha adquirido el placer de aprender, y el colegio será para él una aventura, un estrés, un pequeño miedo, que será capaz de superar. Volverá por la tarde a su casa y estará orgulloso de sí mismo. Le contará a su mamá lo valiente que ha sido y lo que ha acontecido en el cole. Si ha estado vulnerabilizado porque su madre ha sufrido agresiones, porque ha sido abandonada, porque ha estado enferma, porque la vida puede ser muy difícil… Pero los dos grandes factores que vulnerabilizan al bebé son la violencia conyugal y la precariedad social. Es decir, que, si alrededor del niño hay violencia conyugal, quien sufre es el bebé, aunque nadie lo toque. Si los padres viven en la precariedad social, algo que cada vez es más frecuente, son padres que no están disponibles, no tienen ganas de jugar con el niño, están tristes, y el entorno que envuelve al niño no le aporta seguridad. Y por eso vemos grupos de niños que no se sienten seguros, que llegan al colegio y le tienen miedo, no les gusta nada. Estos niños lo tienen difícil para ser buenos estudiantes. No es porque tengan un cerebro peor, sino porque no han sentido seguridad desde que empezó a construirse su personalidad.
05:30
Violeta Esteban. Hemos hablado varias veces sobre «segurizar» a los niños. ¿Podría explicarnos a qué se refiere cuando habla de «segurizar» a los niños?
05:45
Boris Cyrulnik. La definición de «segurización» es crear un apego familiar. Y el apego… El amor es algo flamante, es fiebre, es ardor… Está separado de la realidad. Mientras que el apego, por el contrario, se teje en el día a día. Con la forma de hablar, compartir el desayuno, la forma de sonreír, la forma de enfadarse también. Está en la vida cotidiana. Pero se va tejiendo en el día a día, por lo que apego no es amor. Pero el apego, una vez creado, se convierte en un vínculo muy fuerte, y los niños se sienten seguros por ese fuerte vínculo, porque es un sentimiento de familiaridad. Sé cómo hablarle a mi madre, sé cómo hablarle a mi padre, sé que cuando mi padre hace esto, no me debo fiar, sé que este gesto lo conozco… Estoy tranquilo, estoy en casa, no tengo miedo. Sé los comportamientos, sé lo que hay que hacer. Yo, niño, he aprendido a hacer esto, estoy tranquilo, no angustiado. Aunque haya una adversidad, que siempre las hay en el día a día, sabré cómo gestionarla: no me angustia. Lo que crea esa seguridad en un niño es ese vínculo que se va tejiendo a diario, palabra a palabra, desayuno a desayuno… Las cosas cotidianas crean un vínculo que da seguridad al niño.
07:20
Violeta Esteban. Hay muchos hogares donde el padre trabaja, la madre trabaja; tienen poco tiempo, todo va muy deprisa, los niños tienen muchas obligaciones, actividades extraescolares… ¿Podría darnos algún consejo para estas familias, para que sus hijos y su entorno se sientan más seguros?
07:49
Boris Cyrulnik. Para que en estas familias haya seguridad, existe una palabra mágica: ralentizar. Y que aprendan a cantar o a hacer deporte con sus hijos. Actualmente, los occidentales vivimos en la cultura del esprint. Y nos sale carísimo. Los bebés estadounidenses tienen cada vez más ansiedad: los bebés. Porque Estados Unidos vive en la cultura del esprint que ha llegado a Europa, menos al norte de Europa. Allí, al contrario, aprenden a montar en bici, aprenden teatro, aprenden a usar la palabra, aprenden la lentitud, aprenden a cocinar… Yo lo he visto en Helsinki, en el colegio hay clases de cocina donde niños y niñas preparan platos e invitan a la clase de al lado. Y te aseguro que los niños lo hacen bien. Es decir que, por lo tanto, cuando llegan a la edad adulta, son excelentes: en clase, en ciencias, en arte… Son excelentes. Hay un 1% de analfabetismo. En Francia, estamos entre el 12% y el 15%. Un analfabeto será infeliz toda su vida. El uno por ciento en Finlandia, 12% a 15% en Francia. En los países del norte de Europa había muchos suicidios, probablemente debido a la falta de sol. Pero han reducido, en 10 años, la tasa de suicidio en un 40%. Cambiando la cultura. Es decir, que tenemos la posibilidad de intervenir y, por supuesto, hay que ralentizar y divertirse para aprender el arte de vivir.
“El altruismo nos ayuda a luchar contra el dolor”. Boris Cyrulnik
09:46
Violeta Esteban. ¿Tienen los profesores, en el colegio, la posibilidad de ayudar a los niños ante situaciones así?
09:55
Boris Cyrulnik. Los países del norte de Europa responden a su pregunta. Es decir, Noruega, Finlandia, Suecia… responden a esta pregunta. Allí tienen una estrategia educativa muy distinta de la nuestra y aún más de los países orientales como Japón o China. En los países orientales, obligan a “esprintar” a los niños, y el colegio es tan violento que los japoneses me han dicho que es una forma de maltrato. Los países del norte de Europa hacen lo contrario: ralentizan a los niños y así les dan seguridad. Los niños aprenden a resolver problemas con facilidad, por lo que tienen buena autoestima. Por eso, a los 15 años, cuando pasan las evaluaciones escolares, las pruebas PISA, determinadas por la UNESCO, los finlandeses son medalla de oro pese a que ralentizan todo lo posible el desarrollo de los niños. Ralentizándolos, les dan confianza, y los niños con confianza aprenden el juego del aprendizaje. Se lo pasan bien aprendiendo. Recuperan el retraso en pocos años, y a los 15 años, son medalla de oro en las evaluaciones de la UNESCO.
11:17
Violeta Esteban. Si no hemos adquirido la resiliencia en la infancia, ¿todavía podemos aprenderla en la edad adulta?
11:29
Boris Cyrulnik. La resiliencia está en marcha toda la vida, pero los primeros años son muy importantes. Es como una partida de ajedrez. Los primeros movimientos son muy importantes, pero, mientras la partida no haya terminado, siguen quedando buenos movimientos. La resiliencia no es la misma cuando somos niños, antes de hablar, cuando somos niños y sabemos hablar, cuando somos adolescentes o cuando somos personas adultas. Los casos que accionan la resiliencia no serán los mismos. La resiliencia funciona mucho peor pasados los 120 años. Ahí funciona peor.
12:11
Violeta Esteban. ¿Podría dar algún consejo específico para los adultos que quieran desarrollar la resiliencia?
12:22
Boris Cyrulnik. El primer consejo es que no se queden solos. Cuando sufrimos un trauma, estamos tan tristes que nos hacemos un ovillo, apretamos los dientes y nos aislamos, y esto solo agrava, ya que el recuerdo de la herida se refuerza más y más… Solo pensamos en eso y agravamos el sufrimiento. Así que, el primer consejo sería luchar contra uno mismo si nos apetece aislarnos y, sobre todo, hay que hablar o quedar con gente con la que tengamos confianza. Puede ser la mujer, el marido, la madre, un amigo, un cura, un monitor de deporte… Alguien con quien tengamos confianza. Y no tenemos por qué empezar a hablar de inmediato, primero tenemos que sentirnos seguros, como los niños, y luego, cuando nos sentimos seguros, podemos reflexionar y podemos empezar a hablar.
13:19
Violeta Esteban. Aunque no hayamos sufrido un trauma grave, hay cosas cotidianas que pueden influirnos: un divorcio, un despido… ¿Cómo pueden superarse estas cosas?
13:41
Boris Cyrulnik. Es imposible hacer un baremo de traumas. Si alguien ha sido “vulnerabilizado” durante su desarrollo, todo puede convertirse en trauma, todo puede ser herida: una mudanza, una mala palabra… porque se le ha hecho sentir vulnerable antes del suceso. Si, antes del suceso, fue reforzado durante su desarrollo, será muy difícil que se traumatice. Hay gente que atraviesa adversidades tremendas y sufren, pero no desarrollan trastorno por estrés postraumático. Y, al contrario: hay gente que ha sido “vulnerabilizada”, debilitada, durante su desarrollo, por vivir en la precariedad social, por la violencia conyugal, por haber sufrido y no haberlo podido expresar, por haber ocultado el sufrimiento… En estos casos, cualquier suceso puede dañar muy profundamente. La diferencia entre el sufrimiento y el trauma es que… Ahora podemos ver el trauma mediante imágenes cerebrales, podemos ver cómo funciona el cerebro. Durante un trauma, el cerebro se apaga. No funciona o funciona mal. Mientras que en el sufrimiento el cerebro no se apaga. Estás afligido, ansioso, triste, enfadado… Pero el cerebro funciona, mientras que en un trauma, se ralentiza, no funciona. Solo muestra colores apagados: azul, verde, gris… Cuando el cerebro funciona bien porque estamos positivamente estimulados o contentos, el cerebro trabaja y consume energía, y se ve rojo, verde, amarillo y se desplaza por todo el cerebro. Hablamos de trauma si el cerebro se apaga, cuando estamos, como en boxeo, KO. Sin embargo, hablamos de adversidad si sufrimos pero el cerebro sigue funcionando bien. Y funciona bien si ha sido reforzado durante el desarrollo en la infancia temprana, y, al contrario, es débil si hemos sido debilitados durante la infancia temprana. No podemos señalar una causa-efecto. No podemos decir que un trauma causa mucho daño. Dependerá de la manera en que nos hayamos construido antes de enfrentarnos a la desgracia o la dificultad.
16:15
Violeta Esteban. También habla usted sobre la diferencia entre el trauma y la representación del trauma…
16:22
Boris Cyrulnik. Así es. En un trauma, se sufre. El sufrimiento forma parte de la condición humana. Estamos dolidos, tristes y sufrimos. Pero, después, cuando representamos lo que nos ha pasado, si estamos bien rodeados, si tenemos apoyo y tenemos la posibilidad de reflexionar, de pensar, sufrimos en lo real, pero pronto dejamos de sufrir en la representación de lo real. Pero si nos quedamos solos, solo pensamos en la desgracia: ¿Por qué me ha hecho esto? ¿Por qué he respondido así? ¿Por qué no me defendí? ¿Por qué nadie me defendió? Así, agravamos el sufrimiento y nos dirigimos de cabeza a la depresión. Así que depende del apoyo que recibimos después del trauma. Es un apoyo afectivo. No tiene por qué ser un psicólogo. Puede ser un amigo, un cura, el marido, la mujer, alguien en quien confiemos. Pero necesitamos tener apoyo y, para eso, no debemos quedarnos solos.
17:27
Violeta Esteban. Hemos hablado de resiliencia. Su historia personal es una inspiración para nosotros, porque, a pesar de vivir una situación difícil, lo ha superado todo. ¿Podría compartir con nosotros su historia personal? Y ¿cómo ha influido en su carrera profesional?
18:02
Boris Cyrulnik. Lo que motiva la psicología es la necesidad de comprender. Necesito comprender lo que me ha pasado. Muchos psicólogos tienen esta motivación, tienen la necesidad de comprender algo que les ha pasado. Es una buena motivación. Pero hay que trabajar: hay que leer, conocer, reflexionar… Es apasionante. Es agotador, pero es apasionante. Nací antes de la Segunda Guerra Mundial. Mis padres eran judíos ucranianos y polacos. Mi padre se alistó en el ejército francés para luchar contra los nazis. Resultó herido y fue arrestado en la cama del hospital, por la policía del país por el que luchaba, y desapareció en Auschwitz. Mi madre y gran parte de mi familia también desaparecieron en Auschwitz. Yo fui detenido por la Gestapo, la policía francesa asociada al ejército alemán, cuando tenía seis años y medio. Conseguí escaparme en unas condiciones surrealistas. Una vez liberado, cuando contaba lo que había vivido durante la guerra, la gente se partía de risa. Lo has oído bien, la gente se reía porque les parecía increíble. Y es que lo era.
19:31
Violeta Esteban. ¿Se partían de risa?
19:32
Boris Cyrulnik. Sí. La gente creía que me inventaba las historias. Creían que eran cosas que me había inventado. Luego, en 1982 u 83, escribí mi primer libro. Me invitaron a la televisión francesa, en Burdeos, donde me habían arrestado, y alguien llamó por teléfono al periodista y dijo: «¿Ese no es el pequeño Boris Cyrulnik, al que ayudé a escapar?». Y dejó su número de teléfono y su dirección. Llamé a un taxi y fui a ver a esta mujer, que era enfermera de la Cruz Roja. Yo tenía seis años cuando me escapé, no podía irme muy lejos. Me hizo señas para que me escondiera bajo el cuerpo de una señora moribunda, y el coche se marchó. De 1.700 personas arrestadas hubo dos supervivientes: esta señora y yo, que me había escondido debajo de ella. Me reencontré, gracias a la televisión de Burdeos, con todos los testigos de mi fuga. Ahora tengo relación de amistad con ellos y con sus hijos, y les contamos esta historia sonriendo. Porque algo que fue una tragedia durante y después de la guerra, con el paso del tiempo y después de haber trabajado, de haber intentado comprender por qué los hombres de un país culto… porque Alemania era el país más culto de Occidente en los años 30: país de científicos, músicos, había un jazz en Alemania muy alegre, precioso. Era el país más culto de Occidente, y fue en ese bonito país, en esa bella cultura germánica donde sucedió una de las mayores tragedias de la historia humana: la Segunda Guerra Mundial y el nazismo. Pero ahora podemos hablar de ello sonriendo; podemos intentar comprender. Con los hijos de esta señora y con los nietos de esta señora bajo la cual yo me escondí cuando estaba moribunda, hablamos de esto sonriendo.

 

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2019-04-28T16:21:36+00:00