Nuestros niños están sobreprotegidos, sobreestimulados y sobrerregalados.

Mar Romera. Heidenheim, Alemania, 1967. A esta maestra de maestros, que cuenta hasta con un colegio que lleva su nombre en Málaga, la reclaman de todo el país para que ilumine a docentes y familias. Acaba de publicar La escuela que quiero (Destino). Es experta en inteligencia emocional y está licenciada en pedagogía y psicopedagogía.

¿Existe la escuela ideal?
No. Existe la escuela ideal para un niño o niña en concreto, pero no para todos. Ninguna escuela debe pensar que ya ha llegado a su mejor versión; debe mejorarse cada día.
¿En el colegio utópico todos los niños estudian y sacan buenas notas?
Tampoco. Una escuela ideal es la que pone todos sus recursos, energía e ilusión en que cada niño encuentre su mejor versión. Una escuela ideal obligatoria no tiene calificaciones, pero sí evaluación completa y compleja.
¿Cómo se evalúa sin calificaciones?
Para evaluar dentro de una escuela habría que hacerlo con las instalaciones, el equipo directivo, la administración, el profesorado y el alumnado. Pensamos, equivocadamente, que evaluar es calificar al alumnado, y no es así. La escuela del futuro no la concibo por asignaturas, tampoco tiene notas, ni horarios estructurados.
Usted afirma que “una ‘influencer’ tiene más influencia que 50 horas de una asignatura”.
Al 100%. No sólo un ‘influencer’ con un canal inocuo o divertido. Hay otros canales que son tremendamente ideológicos hacia el consumo, tendenciosos, que destrozan procesos evolutivos, afectivos y sexuales de nuestros adolescentes. Eso tiene muchísima más influencia en un niño porque se convierten en referentes para ellos más que una asignatura.
El niño es más permeable a lo que diga el ‘influencer’ que a las clases del profesor.
Porque el ‘influencer’ no califica y el profesor, sí.
Hay chavales que lo pasan muy mal en el colegio.
Sí, muy mal. Nuestros niños están sobreprotegidos, sobreestimulados, sobrerregalados… Están infrautilizados y, por tanto, reconvertidos en inútiles, marionetas capaces de pocas cosas por sí mismos y eso les hace pasarlo muy mal en sistemas estructurados como la escuela. La escuela del futuro es la que cree en el que aprende, no en el que enseña. En la escuela del futuro, como docentes, enseñamos lo que somos, como hacen los ‘youtubers’, no lo que sabemos. Debemos coger las riendas de lo afectivo y enseñar lo que soy, no lo que sé; lo que sé ya está en Google.
¿Ha perdido la batalla la escuela tradicional frente a las redes sociales e internet?
Ni mucho menos. No considero que sea una batalla lo que hay que plantear. Mi visión es de acompañamiento. Lo que de verdad cambia la vida de un ser humano es una mirada y eso no lo puede hacer ninguna pantalla. Ese es el gran talismán y la gran fortaleza que mamás, papás y profesorado pueden aportarle a un niño; ser referentes reales desde el vínculo emocional de la mirada. Si permitimos que la influencia de las pantallas destrocen esto, sería confiar poco en el futuro y yo confío mucho; sería como considerar al ser humano autómata y no es así.
La educación es un terreno de confrontación política.
En periodos electorales.
Cada gobierno y cada partido quieren imprimir su sello y su reforma.
Desde el respeto a las buenas ideas que vienen desde todos los partidos, he aprendido que no me vale la propuesta de ninguno. La educación les interesa solo en el momento electoral, y aquellos datos que dan estadística. No les interesan las personas. Si ven algo que les va a dar votos, van a eso. No podemos pensar que vamos a modificar un modelo educativo cambiando solo la estructura de las asignaturas, sin cambiar la tripulación, el timón del barco, que es la formación, las competencias, la calidad y cualidad del profesorado. Pero no me preocupa el tema político, da igual; en la escuela vivimos un mundo paralelo.
Pero sería deseable que el Gobierno diera unas directrices y coordinara.
Debería haber más sentido común y dejarnos de boberías, nada más, y que los que deben tomar decisiones escucharan a los niños y los miraran a los ojos. Hubo un tiempo de mi vida que me preocupó mucho la política y los programas, pero ya no porque los docentes que no merecerían serlo van a seguir en la escuela y a los que hacen un trabajo encomiable no les afectan las boberías que se adoptan desde el sistema político porque muchas veces ni llegan. La legislación sin fundamento no sirve para nada. No necesitamos buenas leyes, necesitamos buenos maestros.
Es muy crítica con el papel de los sindicatos en la educación.
Sí, hace años dije que si no hay un pacto por la educación es por culpa de los sindicatos. Aquello fue un titular muy llamativo, pero lo volvería a repetir, dentro de un contexto. En Andalucía se llegó a un acuerdo con los sindicatos denominado el ‘concursillo’ que ha hecho que haya muchos centros con un 60 o 70 por ciento de provisionalidad en la plantilla, que cambia todos los años. Que alguien me diga que un cole que cambia todos los años la plantilla está pensando en los niños. No lo veo. Se vende así en aras de la conciliación de la vida familiar, ya que muchos trabajadores del sistema educativo público son mujeres. Vale, por defender la vida familiar o la mujer, destrozamos los modelos educativos del presente o del futuro porque los niños no protestan.
Encima, enarbolando una bandera con la que todos podemos estar de acuerdo.
Y yo, como mujer y madre, si puedo utilizar el concursillo para trabajar al lado de mi casa, pues claro que lo voy a utilizar, pero estamos destrozando la permanencia de las plantillas y la posibilidad de que afiancen los proyectos educativos a medio y largo plazo.
La Junta de Andalucía la convocó en 2015, junto a otros expertos, para el enésimo plan para el éxito escolar. ¿Sirvieron de algo las conclusiones?
No tengo noticia, no lo sé. Estuve solo un día.
¿Cómo? ¿Un día? ¿Cree que la utilizaron como elemento decorativo?
Si me llaman, sea del partido ‘a’ o del partido ‘zeta’, voy a estar ahí. Pero no estoy afiliada a ningún partido ni lo voy a estar. Y conozco gente maravillosa de casi todos y también impresentables de casi todos. No les importa la infancia a casi ninguno.
El sistema educativo español está a la cola de los ‘ranking’ internacionales.
En el sistema educativo español tenemos experiencias innovadoras a la cabeza de determinada propuestas internacionales y, dependiendo de qué variables miremos, podemos estar a la cola. Si aplico el modelo de Finlandia a Andalucía será un fracaso, pero por el clima: allí hace mucho frío y en Andalucía hace mucho calor. Podemos medir en función del bilingüismo en inglés, pero ¿por qué no en catalán o euskera? ¿Medimos el nivel de los inmigrantes incorporados al sistema? Me duele que midamos los resultados de niños y niñas, ¿queréis medir los resultados del profesorado? Los niños no aprenden nada de lo que les enseñamos, nos aprenden a nosotros. ¿Por qué no nos miramos nosotros? No es que estemos peor que nadie, sino que nos presentan los datos que nos quieren presentar.
¿Qué opina de los planes de bilingüismo en los centros?
Hay una comunidad autónoma que ha hecho comprobaciones con el plan de bilingüismo y hoy sabemos que es uno de los peores modelos de aprendizaje de una segunda lengua, pero, a pesar de que es una evidencia, estos resultados se guardaron en un cajón y nunca más se supo. Pero en todas las campañas electorales se dice: “hay tantos miles de centros bilingües”; sí, y también hemos destrozado el pensamiento científico, ¡ah, claro, que eso no cuenta en la estadística! Por eso los datos son tan relativos.
¿Y las familias?
A veces también hacemos mucho daño cuando hay centros que quieren hacer algo diferente y luego se quejan de que mi niño no sabe restar y los del otro curso sí. Todo el mundo piensa que sabe de educación desde un concepto erróneo.
¿De verdad el modelo educativo no tiene que ser Finlandia sino África, como dijo años atrás? ¿Lo sigue pensando?
Absolutamente. Pero que quede claro que no quiero una escuela sin paredes; estaba hablando de que en África toda la comunidad educa y un niño necesita a toda la tribu, como recoge el dicho africano. La ciudad, la familia, los equipos de gobierno, los medios de comunicación… todos educamos a un niño, no el sistema competitivo estandarizado que se nos ha filtrado desde Finlandia. Ojo, que en Finlandia no se ponen notas en primaria, ¿por qué no cogemos eso? Allí hay menos horas de escolarización que en España, menos asignaturas, no suspende nadie y el profesorado es el mejor.
En España no sé si tenemos a los mejores en la enseñanza.
Siento mucho decirte que no te voy a dar otro titular.
A ver, los maestros no siempre están a la altura.
El profesorado tiene que amar la profesión y tener un nivel cultural muy importante. No puedo entender un profesorado que no lee, que no viaja, que no va al cine, que no sabe pensar de forma crítica, que no puede identificar la pasión, que no innova, no como copia de tendencias y modas, sino como evolución personal. Mi cabeza no entiende el sistema de acceso a la función pública, el sistema de formación inicial en la universidad, el desprestigio… no entiendo muchas cosas, pero también es verdad que hay docentes que han elegido por amor la profesión y están trabajando muchísimo. Soy optimista.
¿Qué debe hacer antes el maestro motivar o enseñar?
Motivarse a sí mismo. La función del maestro no es enseñar es aprender, es provocar la pregunta no dar la respuesta, provocar la curiosidad en el niño y la niña, provocar la creatividad, provocar el pensamiento crítico, la toma de decisiones y ese proceso de adaptación al cambio.
Los parques para niños con instrucciones en los columpios a usted le recuerdan a las jaulas de los hámster.
No sé si los parques de los niños se han copiado de las jaulas o al revés. La sobreprotección nos trae muchos problemas. Las familias tenemos miedo, hacemos una educación de poco tiempo y lo compensamos con el regalo y la sobreprotección y así los niños están muy débiles. El niño aprende jugando, por sintetizar la pedagogía de 20 siglos, pero el juego es riesgo. Cuando el niño va de tu mano jamás mirará si viene un coche, pero si va solo jamás cruzará sin mirar antes si viene un coche.
Las madres helicóptero crían hijos incapaces y dependientes.
Nuestro cerebro necesita el desarrollo de redes neurológicas que le enseñen. El cerebro es un músculo y hay que llevarlo al gimnasio para que no se atrofie. El proceso hacia la autonomía moral y de gestión es por entrenamiento y no dejamos a los niños que lo hagan.
¿La inteligencia emocional se puede entrenar?
Absolutamente, las neurociencias nos dicen que son entrenables. Aunque venimos con una mochila genética, ésta puede ser modificada con entrenamiento.
La reclaman de toda España para impartir conferencias. ¿Qué detecta?
Hay mucha gente con ilusión, esperanza y ganas de hacer las cosas mejor, pero a mis charlas no viene nadie que debería venir.
¿Y eso?
Viene el que menos lo necesita, los que de verdad deberían venir no lo hacen. A los que sí acuden les pongo una tarea: “a la siguiente, tráete a alguien que no te gusta ni te cae bien, pero es el que más lo necesita”.
¿Deberes sí o no?
Los niños tienen derecho al juego, al ocio y al tiempo libre. En cuanto estructuramos una actividad, no es juego; ni la escuela de fútbol, ni la de pintura ni la de inglés son juego. Entonces, ¿deberes sí o no? No, porque no hay tiempo. Tengo una o dos horas al día, ¿en qué debo utilizarlas? Pues en jugar porque, si el niño no juega, no podrá desarrollar su pensamiento, su cognición, la estructuración neurológica… y entonces dará igual que haga deberes. Hacer tareas repetitivas o actividades de copia de libros de texto no son deberes; son trabajos de Alcatraz y no sirven absolutamente para nada, y ya lo sabemos.
¿Cuándo se va a inventar la vacuna contra el fracaso escolar?
La vacuna está inventada. Cuando un niño fracasa no es el niño sino el sistema. Ante el fracaso, ponemos antibiótico al niño, pero nos equivocamos porque la vacuna debe ser al sistema no al niño.

https://www.elmundo.es/papel/lideres/2019/04/23/5cb8624afc6c8300138b4653.html

2019-04-23T21:09:44+00:00